El día que murió el mar


 

Salir del mar no es tan fácil como entrar, pensó Neptuno, sobre todo cuando la memoria no recuerda haber conocido otro ambiente, otro mundo más que el profundo mar, el inaccesible océano.

Pero no quedaba otra solución.

Los humanos se habían propuesto acabar con todo. Aún recordaba cuando temían al mar. Aquel mar tranquilo y sereno que era su mundo, su reino, su hogar...

- ¡Y no estoy dispuesto a consentir que lo destruyan!- bramó Neptuno.
Empezaron por descubrir el sabroso alimento. Vino el comercio. Las guerras, y por consiguiente, la contaminación, la muerte. ¡Y por mis barbas que no lo voy a permitir!
¡Que se destruyan entre ellos!
¡Verán quién es Neptuno. El rey del mar!

1999 - "Hoy el mar parece más tranquilo que nunca. Los tonos gris-azulados del horizonte confunden el ancho mar con el infinito cielo. Todo está en calma. Una gaviota presumida, sintiéndose observada, riza su vuelo en una caída vertiginosa al vacío; se detiene en su vuelo, parando sus alas a centímetros del agua, como admirando el color y la quietud; temerosa de romper la uniformidad del mar levanta el vuelo y lanzando un graznido atroz, escapa de mi vista.

El grito del ave, más que grito lamento, ha perforado el silencio, la quietud del atardecer. ¿Por qué no hundió su cabeza buscando comida?

¡Qué extraño silencio ha quedado!

El mar, más negro que de costumbre a esta hora, parece haberse petrificado tras el graznido de la gaviota.
La luz de los focos auxiliares de seguridad parecen simples llamas de velas, incapaces de taladrar la inmensa negrura que por segundos va acrecentándose en el mar.

Se oye el silencio del mar aquí arriba en mi torre vigía donde estoy cubriendo el turno de farero.

¡Farero! Una profesión a extinguir, como tantas otras, por obra y gracia de los adelantos científicos. Tanto han perfeccionado y extremado la seguridad en los pesqueros que ya no son imprescindibles los queridos y románticos faros de puerto. Y los de tierra, ¡monumentos del ayer!

Por favor, no se me entienda mal. Yo no quiero que se hundan los barcos al chocar contra las rocas, yo sólo quiero que el hombre siga siendo solidario con el hombre y con el mar. Tanto tecnicismo, tanta computadora y... a ver quien socorre a esos pescadores si desaparecen los fareros.

Bueno, ahí van. Cien barcos salen cada noche para regresar al amanecer ahítos de peces. ¡Si no fuera porque el mar es inagotable...! Será por la profesión que tengo pero yo he dejado de comer pescado. ¡Qué quieren que les diga!... Les he tomado cariño. Son como mi familia, mis compañeros de soledad, junto con estos manuscritos que poco a poco van llenando las largas horas nocturnas de espera y vigilancia. Porque yo, aunque todos los pesqueros van provistos de sistemas autónomos de iluminación, seguridad y orientación, sigo oteando el horizonte en busca de alguna señal de socorro... "la costumbre", como dice el jefe.

¡Caramba, como pasa el tiempo! Entre vigilancia y escritura ha pasado la noche sin querer y ya vienen ahí de vuelta. Ahora sonarán las sirenas alegres comunicando el regreso y la buena pesca. Saludarán a este solitario farero, en extinción, como homenaje a su guardián nocturno. Pero... ¿qué ocurre? Vuelven todos apiñados y pasan de largo, sin tocar las sirenas... ¿por qué? ¿qué desgracia ha escapado a mis desvelos? ¡la radio...!

Voz en off: Buenos días, amigos del mar, algo verdaderamente extraño está ocurriendo en el mar. Desde 85 puertos vecinos nos han llamado preguntando la cantidad de pescado que han traído nuestros hombres. Parece ser, y aún no están confirmadas las noticias, que en ninguno de esos pueblos ha entrado una mala alga en las redes.
Aguerridos lobos de mar, con más de treinta años de experiencia, la mayoría de ellos, vienen atemorizados por la noche pasada en sus embarcaciones sin recoger ni un pez en sus artes. ¿Qué ocurre en el mar?
Intentaremos recoger más información para aclarar la extraña noticia que ha llegado a nuestras oficinas. Les mantendremos informados. Escuchen la música de... Clic...

¿Qué han vuelto sin peces?... ¿Nada?...
Querido faro, el mar es una caja de sorpresas. Cuarenta años llevamos juntos tu y yo y es la primera vez que oigo semejante cosa.
¡Ha llegado la hora de la venganza! El mar ha tirado el guante... a ver quien es el listo que lo recoge.

Neptuno duerme plácidamente mecido por millones de caballitos de mar, arrullado por bellas medusas, protegido por su legión de tiburones... en la gruta del centro mismo de la tierra que se comunica con el Océano Pacífico, donde ha preparado a golpe de carcajadas el perfecto e impensable refugio para todas las criaturas marinas, sin excepción. Ahí en la gruta conviven juntas todas las especies conocidas y desconocidas de todos los mares, cálidos y helados, de los cuatro puntos cardinales de la tierra. Ninguno ha rehusado responder a la llamada de su rey y señor. Todos quieren dar una lección al hombre. Ese ser, creatura del mismo Hacedor que ellos, mezquino, que no se conforma con pescar para comer sino que piensa que el mar es su vertedero de residuos químicos y basuras en general. Neptuno sabe que el pez grande es más voraz que el pequeño y les ha pedido a todos moderación y equidad para mantener el grandioso equilibrio de la Naturaleza, que el hombre está a punto de aniquilar por su irresponsabilidad.

Todos han respondido como una sola voz: ¡Sí, mi señor!
La convivencia y equilibrio son perfectos en la gruta del centro de la tierra. ¡Ay de aquellos que se atrevan a salir o entrar sin permiso! ¡Ay de vosotros si intentáis eludir la gran responsabilidad que os he encomendado!
De aquí a tres semanas de los hombres, oirán la voz de Neptuno, yo el rey y guardián del mar.

Neptuno ha pensado también en las aves y demás que se sustentan del mar. La primera tarde de la huida lanzó un mensaje especial para todos ellos, indicándoles el lugar y la hora para proporcionarles su vital alimento. La consigna, un graznido estentóreo y patético; sólo uno, para no alertar a los humanos. Todos quedarían protegidos. "No habrá víctimas innecesarias. Sólo los humanos han de soportar las consecuencias de su abandono y abuso del mar. Si no cuidan el mar es que no lo necesitan. Y si no lo necesitan no lo tendrán. Pero como no podemos, ni debemos secarlo, en nuestro propio beneficio nos hundiremos en la gruta. Les daremos un escarmiento. Tres semanas les doy. Hasta entonces, descansemos, vivamos juntos en la gruta, hijos míos". -Dijo Neptuno.

Quince días ya. El mar parece muerto... ¿está muerto? Hasta el viento ha dejado de mecer las aguas en la orilla. ¿Qué ha ocurrido?

El segundo día de larga búsqueda, todos los puertos del mundo lanzaban llamadas de ayuda y lamentos de sorpresa. ¡El hombre ha quedado sin alimento marino! ¿Qué extraño mal está acabando con el mar?
Si fuera un niño diría que el rey del mar se está vengando de tanto destrozo como hemos ocasionado, sobre todo a las especies más indefensas, ¡pero ya no soy un niño... ya no creo en fantasías! además, la realidad es tan brutal que ha agostado los restos de infancia que podía quedar en mí, desde la primera noche de la tragedia. Desde el graznido de la gaviota yo... ¡la gaviota!... ahora lo recuerdo... ¿cómo no lo pensé en aquel mismo momento? el graznido fue una llamada a la cordura, a la sensatez humana. Fue la señal que estaban esperando para hacer desaparecer todo rastro de vida procedente del mar. Fue el lamento unísono de la Naturaleza y todos han respondido a la señal. Todos menos nosotros, los hombres.

Voz en off: Cortamos nuestra emisión musical para abrir los micrófonos a uno de los mayores científicos de la era moderna, el profesor MARREY O.TUNNEP, gracias profesor O.Tunnep por querer aclararnos que sucede en el mar.
Prof- Llámeme Marrey, por favor. Contestando a su pregunta el diré que llevo más de la mitad de mi vida intentando hacer comprender al mundo que esto podía ocurrir. El hombre, los políticos no quisieron oírme. Me duele tener que comprobar que yo tenía razón. La ciencia nos está llevando a la destrucción de la naturaleza y por consiguiente a nuestra propia extinción. Hoy se cumplen diecisiete días y puedo asegurarle que si en el plazo de cuatro no se firma el tratado de paz con el rey del mar, Neptuno...
Loc- ... perdone, profesor ¿está tratando de decirnos que existe Neptuno?... ¡Vamos profesor!...
Prof- Señor mío ¿ha puesto usted en duda alguna vez que el hombre habite la luna, como lo está haciendo?
Loc- No, pero eso...
Prof- ¡No hay pero que valga! Usted no está capacitado para negar nada.
Loc- Cierto profesor, ¡pero tampoco lo estoy para afirmar nada y menos dar crédito, a las puertas del siglo XXI, a la fantasía mitológica que ya no se estudiaba en mis años de universidad!. Con todos mis respetos ¿podría explicarnos cómo ha llegado usted al convencimiento de la existencia de Neptuno? ¿Cómo supone usted que "él" está tras esta tragedia?
Prof- Señor mío, con todos los respetos a sus dudas le diré que yo soy Neptuno. ¿No lo ha adivinado por mi nombre?: Neptuno, rey del mar.

¡Entonces era cierto! No es una fantasía... así puedo aceptar mejor lo sucedido. Hemos agotado su paciencia. ¡Majestad, este humilde farero se pone a su servicio!
A ver quien da el paso de reconciliación, porque esta vez el Hacedor ha llegado al límite.

Voz en off: Amigos del mar, ya oyen ustedes la conmoción que se ha producido en nuestros estudios.
Se ha convocado urgentísima en la sede mundial del mar. Todos los presidentes y altos mandos de la política intentarán descifrar el enigma. La tomadura de pelo quizás.
Les mantendremos informados.

Varias horas más tarde

Voz en off: De nuevo con ustedes para informarles de los últimos acontecimientos. Tras largas horas de debate el 20% de los reunidos dan como verdadera la identidad del profesor Marrey; el 15% se abstiene aún de dar su opinión y el resto muestran su escepticismo.
Nos pasan en estos momentos un comunicado urgente del corresponsal en la sede mundial, dice lo siguiente y leo textualmente:

"En el día de hoy, y en presencia del Presidente mundial, se da a conocer a todos los ciudadanos el siguiente veredicto: reunidos desde las 15 horas del día de hoy, el comité declara falsa identidad del supuesto Neptuno por reconocer civilizadamente imposible la existencia del mismo. Por lo que se condena a ser recluido en prisión psiquiátrica preventiva al impostor. Por lo tanto queda anulado y sin efectos legales el ultimátum lanzado al mundo por los medios de información por considerarse fraudulento y perjudicial para todos los ciudadanos.
El comité se reunirá en las próximas 24 horas para hallar soluciones y ordenar las debidas medidas a tomar"

Hasta aquí señores oyentes el comunicado oficial. Las conclusiones han de tomarlas ustedes mismos. Hasta nueva conexión les...

¡Idiotas, imbéciles, majaderos! Han destruido la única posibilidad de salvación ante el desastre que se nos avecina.
¡Yo salvaré al rey Neptuno! Ahora, a pensar como hacerlo.

- "Buenos días, soy el doctor Fisher. He venido a ver al prisionero, soy psiquiatra especialista en dobles personalidades.
- Un momento doctor, que compruebe su identidad.
- No encontrará mi nombre porque soy profesor de la llamada Medicina Paralela, pero si quiere mejor le doy el pase especial del Presidente de la nación...
- ¡Perdone, doctor! ¿Ha dicho del Presidente? Ruego me disculpe, tengo órdenes y... pero siendo el mismo Presidente... ¡Carcelero deje pasar al doctor Fisher!
- Muchas gracias, hablaré a sus superiores de usted.
- Es muy amable doctor, gracias.

Entra en la celda y se adelanta al prisionero.

- Profesor O.Tunnep, buenos días, soy el doctor Fish...
- Pasa amigo farero. Te estaba esperando.
- ¿Usted me conoce?...
- Digamos que mi voz ha sido oída por la única persona que queda con sensibilidad. No es difícil saber quién o bajo qué nombre vendría. Lo importante es que mi plan, nuestro plan está ya viendo sus frutos. Vamos, tenemos poco tiempo. Cierre los ojos y...


- ¡Majestad, estamos en mi faro! ¿Pero cómo...?
- Estaba esperando tu llegada para huir de esa estúpida civilización.
- Jeje le recuerdo que aún estamos en ella, este faro es obra de las manos del hombre, auténtica artesanía.
- Bien, bien... otro día hablaremos de ese tema. Ahora no hay que perder más tiempo. Llamemos a los tiburones.

Mientras tanto:

¡Atención torre de control, estoy sobrevolando el Pacífico y por la sombra que veo en su superficie, pronto dejará de ser pacífico. La sombra la forman miles de tiburones. Se dirigen a la costa en forma de punta de lanza. Atención torre de control. Han detenido su marcha, están formando un enorme círculo!... ¡¡Avisen al Presidente!!... ¡¡¡Alerta roja... alerta roja!!!

En el silencio del mar una potente voz detuvo la marcha: ¡Formen un círculo y que nadie rompa la formación sin mi permiso!

Hasta todos los rincones de la nación llegó el vozarrón de Neptuno diciendo: "Ruego al Presidente que, por el bien de la Humanidad, ponga a mi disposición un submarino, sin grandes artilugios y sin tripulación innecesaria. Le ruego al Presidente que sin temor alguno, suba a ese submarino; mis tiburones le custodiarán y guiarán hasta mí, el rey del mar: Neptuno. Señor Presidente, le concedo 20 minutos y durante esos minutos la nación entera quedará paralizada, suspendida en el espacio y el tiempo, sin peligro, sin temores. Gracias"

- Bien señores, no se que ha pasado ni como. Pero esa voz imperiosa e imperial solicita un submarino. No quiero falsas maniobras. ¡Obedezcan como si de mí mismo se tratara! Manden traer ese submarino inmediatamente.
- Lo siento señor Presidente, todas las comunicaciones han sido cortadas. Tendremos que ir nosotros mismos por él.
- ¡A qué estamos esperando, en marcha!

- ¿Ves, amigo farero? Los humanos estáis acostumbrados a obedecer y sin embargo no sabéis mandar.
- Tiene razón majestad. Pero yo no se nadar ¿cómo voy a sobrevivir en el agua?
- ¿Y quién te ha dicho que tienes que nadar? Tu estarás conmigo en el submarino.

- Bienvenido señor Presidente ¿ha traído lo que le pedí?
- Buenos días señor... ¿con quién tengo el gusto de hablar? Reconozco su voz pero no su cara.
- Yo soy Neptuno, al menos por ese nombre me conocéis vosotros. Acomódese...

Lo que hablaron. Lo que pactaron no se ha sabido nunca. Lo que se prometieron mutuamente tampoco. Lo que sí sabemos es que desde ese mismo instante el mar volvió a alimentar al hombre. Hace ya un año de este suceso. ¿Hasta cuando?... Sólo el tiempo y Neptuno lo saben.

Autor: M.G.H. (1985)

VOLVER