ETAPA PRÓLOGO 05/09/2004: TRASLADO DE A CORUÑA HASTA RONCESVALLES

         Salimos de A Coruña a las 7:10 con destino a Pamplona, llevábamos como equipaje las mochilas que luego colgarían de ambos lados de nuestras ruedas traseras, el saco de dormir y una bolsa con bocadillos para el viaje, yo llevaba también una bandolera con bolsillos donde llevaba el móvil, la documentación, el dinero, las credenciales de peregrinos de los dos y una cámara de fotos digital.

        El viaje fue transcurriendo con lentitud y las horas parecía que no avanzaban, la llegada a Pamplona estaba prevista para las 17:07, en Astorga subió una señora que estuvo vendiendo hojaldres y mantecadas por el tren hasta que llegamos a León, le compramos una caja de hojaldres para desayunar al día siguiente pero finalmente se convirtieron en las barritas energéticas de los primeros días.

         Llegamos a Pamplona con cierto retraso, a las 17:20, y en un momento nos encontramos en el exterior de la estación esperando por un taxi. Subir a Roncesvalles tenía un problema, los domingos es el único día que no hay autobús desde Pamplona a Roncesvalles y teniendo en cuenta que teníamos que dormir en Roncesvalles para poder recibir las bicis por la mañana no nos quedaba otra alternativa que coger un taxi hasta allí.

         El taxi nos puso en Roncesvalles en 45 minutos y nos cobró la bonita cantidad de 62 €, pero el vernos allí, en el punto de partida, hizo que pronto olvidáramos ese sablazo ya que ahora si que podíamos decir que la aventura comenzaba de verdad.

         Roncesvalles fue una mezcla de sorpresa, desilusión y encanto. Sorpresa por que no tenía nada que ver con lo que me había podido imaginar de esa población. Desilusión por que imaginaba un pueblo grande, pintoresco y medieval como creía que debía ser el sitio de partida del Camino Francés en España y me encontré en un lugar donde solo había 4 edificios, los hostales “La Posada” y “Casa Sabina”, la Real Colegiata y el albergue de Peregrinos. Encanto por que a pesar de todo era muy bonito y los parajes que lo rodean de una gran belleza, la Real Colegiata es una construcción magnifica que alberga la oficina de atención al peregrino, un pequeño museo, el albergue juvenil, el antiguo hospital de peregrinos y la basílica de Roncesvalles donde todos los días a las 19:00 se celebra la misa del peregrino para dar la bendición a todos los que al día siguiente comienzan el Camino.

         Acudimos primero a la oficina del peregrino, donde entregamos las credenciales y nos pusieron el primer sello de nuestra colección. Después de pagar 5 € cada uno nos entregaron un pase para el albergue y nos dirigimos hasta allí.

         A la entrada del albergue nos recibió la hospitalera, que para sorpresa nuestra era holandesa, nos explicó las normas y a continuación tras entregar el pase que nos daba derecho a una cama nos dispusimos a buscar una para la noche. Escogimos las dos camas de arriba de dos literas que estaban juntas, al fondo del albergue.

         Los aseos se encontraban en un extremo de la estancia, bajando por unas escaleras, primeramente se encontraba una estancia donde había una gran mesa y sillas para poder escribir, leer o simplemente charlar con otros peregrinos, también se encontraba allí la lavadora y la secadora de ropa. A continuación estaban los aseos que eran un prodigio de limpieza para la gran cantidad de peregrinos que allí había y que lo utilizaban, unos 100 aproximadamente.

         Después de dejar nuestras cosas encima de las camas y colocar los sacos de dormir ya estirados en ellas, era la señal en todos los albergues de encontrarse ya ocupada esa cama, salimos a dar una vuelta.

         Como se aproximaban las 19:00 y allí no había otra cosa mejor que hacer decidimos ir a la misa del peregrino para cumplir con cada uno de los rituales que acompaña la realización del Camino.

         Al finalizar la misa el párroco llama a todos los peregrinos, que parten al día siguiente, para que se sitúen de pie delante del altar mayor, acudimos todos y en varios idiomas pronuncia las solemnes palabras para solicitar suerte para todos en nuestro transito a Santiago, en ese momento, mientras se produce la bendición, se apagan las luces en la capilla y solo queda visible la imagen de la Virgen, en una penumbra provocada por una luz que la enfoca y mientras suena el órgano y el coro miro alrededor y veo a muchos peregrinos llorando o embargados de la emoción,  es un momento muy intenso en carga emotiva.

         Terminado el oficio religioso salimos a dar un paseo para ver donde comienza el Camino, de cara a la salida el día siguiente, solo hay que descender 100 metros por la carretera en dirección a Burguete y ya se encuentra el indicador que te saca de la misma, la vieira y la flecha amarilla, y te mete en un sendero de tierra que se desplaza paralelo a ella, después de comer un bocadillo sentados en un banco junto a la carretera, volvemos al albergue.

         Después de asearnos y mudarnos nos disponemos a dormir, a las 22:00 cierran el albergue y apagan las luces, es impresionante el silencio en que queda la nave, nadie habla, ni hace barullo, todo el mundo respeta el descanso de los demás y el silencio se adueña del lugar.