Juan y yo somos compañeros de trabajo y amigos, tenemos 49 y 42 años, respectivamente, también somos dos aficionados a la bicicleta, practicamos el ciclismo en carretera y no somos, por tanto, expertos en Mountain-Bike.

         Hace un año le propuse realizar el Camino de Santiago en bicicleta de montaña, él tenía también inquietud por realizarlo pero no encontraba la ocasión ni el compañero para hacerlo, bastó que se lo planteara una única vez y ya aceptó. Nos lo planteamos como un reto deportivo, el Camino de Santiago es, entre otras muchas cosas, una ruta ciclista reconocida, indicada perfectamente, con importantes obstáculos y dificultades y para nosotros una oportunidad de practicar el deporte que nos gusta al mismo tiempo que vivíamos una bonita aventura asumiendo un reto, el de llegar a Santiago.

        En el mes de Mayo iniciamos los preparativos de esta aventura, el primer paso de cara a su puesta en marcha fue plantearnos una revisión y puesta a punto de las bicicletas. Nos planteamos el hecho de que entre lo que íbamos a gastar en ponerlas en óptimas condiciones para garantizar un rendimiento seguro en el Camino (sustitución de cables, zapatas de frenos, alineación de ruedas, ajustar cambios, etc.) y lo que nos daban por ellas al coger unas nuevas, poniendo algo más, podíamos llevar bicis nuevas y con suspensión delantera. Finalmente entregamos nuestras viejas bicis y compramos unas ORBEA Sadaba con grupo Shimano Acera.

        Conseguimos prestados, a través de otros aficionados a la bici, los portabultos y las mochilas para transportar lo necesario en el viaje. Valoramos varias opciones para viajar hasta Roncesvalles, la furgoneta de alquiler salía muy cara para pagarla entre dos y no impide que luego haya que buscarse la vida para ir de Pamplona a Roncesvalles, por que hay que dejarla en esta ciudad; decidimos entonces ir en el tren TALGO de A Coruña a Pamplona y las bicis enviarlas por mensajería, Halcourier, hasta Roncesvalles y recibirlas allí.

        Nos planteamos viajar el día 5, domingo, recibir las bicis en Roncesvalles el día 6 por la mañana, lunes, y partir. Una semana antes de la salida sacamos los billetes de tren, nos costaron 38 € IVA incluido, el día 2 de Septiembre colocamos los portabultos a las bicis, desmontamos las ruedas delanteras y los pedales automáticos, las embalamos y metimos en dos cajas que obtuvimos en la tienda donde las habíamos comprado, ciclos Roca (Ferrol), colocamos también dentro los cascos y llamamos a Halcourier para que iniciaran su viaje hacía nuestro futuro reencuentro en Roncesvalles, el día 6, nos cobraron 40 € IVA incluido por cada bici.

El sábado día 4 preparé las mochilas, fue un ejercicio constante de poner y quitar cosas hasta decidir lo que finalmente iba a transportar en el viaje, el peso condiciona mucho y quería llevar lo esencial y lo más ligero posible, el contenido final quedó de la siguiente manera:

-          1 chándal

-          2 polos

-          1 camiseta de hombreras (para dormir en los albergues)

-          1 bañador (para dormir en los albergues)

-          1 par de zapatillas de deporte

-          1 par de botas de ciclista

-          1 par de chanclas (para la ducha)

-          2 Maillots de manga corta

-          1 Maillot de manga larga

-          2 culottes cortos

-          1 gafas de ciclista

-          1 par de guantes cortos

-          1 guía del Camino

-          16 barritas energéticas

-          7 pares de calcetines

-          4 slips

-          1 neceser de aseo con lo imprescindible

-          1 pequeño botiquín

-          8 pilas para la cámara digital

-          1 cargador para el móvil

-          1 navaja

-          1 chubasquero

-          1 par de escarpines de neopreno

-          1 saco de dormir

-          2 pulpos elásticos para amarrar

-          1 plástico para cubrir las mochilas (sí llueve)

-          1 cadena para atar las bicis

        La experiencia del Camino me enseñó que debía haber llevado también ½ docena de pinzas, muy útiles para tender la ropa, es necesaria una linterna pero en nuestro caso la llevaba Juan, tapones para los oidos y evitar así los ronquidos en el albergue, tronchacadenas, unos eslabones de repuesto y un timbre para abrirse paso entre los caminantes, yo tuve que hacerlo siempre a viva voz.

        El relato de nuestra aventura no pretende ser una guía para realizar el Camino de Santiago, ni un manual de como debe hacerse, es simplemente lo que a nosotros nos pasó durante su desarrollo, de las vivencias que tuvimos y de las cosas que vimos, sin más pretensiones, fue nuestro Camino de Santiago; si ello sirve de consejo o ayuda a cualquier ciclista que se aventure a hacerlo pues nos alegraremos por ello.